Jesús era una persona de costumbres, lo había sido siempre
en su trabajo como funcionario y lo era también ahora que estaba jubilado. Como
cada tarde, a las 18:00 horas se había tomado un café con una gotita de leche
desnatada, después se había sentado en su viejo sillón a leer un rato y, tras algo
más de una hora leyendo, se puso su chaleco de punto, su chaquetón verde y se dispuso
a salir de casa para caminar en solitario durante media hora para intentar,
teniendo en cuenta su edad y su reciente situación laboral, no perder demasiada
forma física.
