El ascensor se elevaba por la parte frontal del edificio,
como si se tratara de una gigantesca cremallera de cristal adherida a una
gigantesca prenda de acero. Se dio
cuenta de lo realmente cansada que estaba sin darse cuenta de que en lugar de disfrutar
de las vistas reales de los rascacielos y edificios que surgían de la tierra
como setas tras un día de tormenta, contemplaba la imagen de alta definición de
esta en una inmensa pantalla instalada en las paredes del propio elevador. Dejó
su gastado maletín en el suelo y se desabrochó el botón central de su
americana. Cuando llegó a su planta, la puerta se abrió dando directamente a la
puerta de entrada de su casa. “Abrir” – dijo y su voz sonó lenta, como si
estuviese desgastada por el uso a lo largo del día. El dispositivo reconoció
inmediatamente las características de su modulación y permitió la entrada a la
propietaria de la casa.
