La luz pálida
y azulada del quitamiedos de la habitación creaba un ambiente tranquilo. Yo ya
era mayor pero aún así me gustaba sentir esa calma y esa seguridad que me
confería aquel suave resplandor. Mi madre llegaba siempre a arroparme un par de
minutos después de haberme acostado y charlaba conmigo antes de dejarme
de nuevo a solas para mi descanso. Siempre cuidaba mucho de mí, tratando de
protegerme de los peligros del mundo exterior. Ahora, una vez que yo me
encuentro en su situación, lo entiendo perfectamente.
